Negacionistas en tiempos pandémicos y post-pandémicos: Aproximación psicosocial

El poder no es algo que posee la clase dominante; no es una propiedad sino que es una estrategia.

Foucault

Los ciudadanos de no importa qué país se contagiaban y, ante la falta de un plan de Contingencia por el grado de desconocimiento que había acerca de aquél virus, millones de personas enfermas agonizaban y fallecían solas en sus casas. En las residencias de ancianos, los sanitarios y cuidadores hacían lo que podían aislando a los residentes en sus habitaciones pero no había nada que hacer si el virus se había colado entre sus paredes. Fue tan brutal que los Palacios de Hielo fueron reconvertidos en morgue. Entonces, se impuso el confinamiento como medida de seguridad y protección ante esta epidemia, y unos pocos politizaron el asunto, movilizando a los incrédulos y organizándolos en nombre de la VERDAD.

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Así fue cómo empezó a liderarse una cruzada contra la Ciencia, que hoy en día se mantiene, aun habiendo pasado la “fiebre” de la pandemia (2 años después). Hasta el punto de que se ha trasladado el tema de la pandemia al rechazo de la idea de que exista un Calentamiento Global o de que la Tierra es, en realidad, plana. Pero, habiendo tanta evidencia empírica de por medio, sumando la cantidad de vidas que el virus se ha cobrado y el hecho de que las medidas de protección contra el virus han ayudado a controlar la situación… ¿Qué es lo que mueve a estas personas a pensar así y seguir defendiendo su postura?

Contexto histórico ¿Qué ocurrió en marzo de 2020?

El Coronavirus ha marcado un antes y un después en todo el mundo. Ha sido el primer gran fenómeno a partir del cual hemos empezado a considerar que la globalidad no siempre era algo positivo. Hasta ese momento, veíamos con buenos ojos el hecho de poder plantarnos en pocas horas en cualquier lugar gracias a la cantidad de transportes y vías disponibles.

Trackeo de los vuelos y sus conexiones a nivel mundial

No importa dónde estuvieras, los avances tecnológicos respecto a la facilidad de movilidad de la ciudadanía facilitó que, en cuestión de menos de un mes, estuviéramos hablando de pandemia mundial. Los países cerraron sus puertas a extranjeros y, después de los últimos movimientos migratorios para que los expatriados volvieran a sus casas, los aeropuertos dejaron de funcionar. En general, ningún transporte estuvo operativo salvo para figuras importantes y relevantes en la contención del virus o políticos.

Casos de COVID contabilizados a fecha de 10 de marzo de 2020. Ministerio de Sanidad.

Cierre de escuelas y teletrabajo el estado de alarma

A todo esto, a fecha de 9 de marzo de 2020, se cerraron las escuelas e institutos, mientras se anunciaba que se estaban valorando nuevas medidas contundentes en plena comparecencia de estado de alarma, instando a la población a guardarse en sus casas, hasta que supieran qué podía hacerse para evitar la propagación de la enfermedad. Llegó el colapso (lockdown) y empezaron a notarse, en lo económico y lo laboral, también, además de en lo sanitario, los efectos de un virus del que se decía que había venido a quedarse pero del que nadie sabía nada.

Las compras apocalípticas y la levadura

Se hicieron compras masivas, movidas por la sensación de que estábamos a las puertas del Apocalipsis y el papel higiénico voló de las estanterías. Como también lo haría, tras los primeros días del confinamiento, la harina y la levadura en polvo. Hacíamos bizcochos como si en ello se nos fuera la vida pero, con cada bizcocho que hacíamos y que nos comíamos, íbamos familiarizándonos con lo “extraordinario”.

El tiempo de confinamiento y el índice glucémico en sangre eran dos variables de correlación directa que enmascaraban una situación de indefensión aprendida a la que la mayoría de la gente se adaptó. La cuestión es que esa indefensión, en ese contexto, salvó vidas. Podría verse como una forma de adaptación al medio o como supervivencia. ¿Acaso rebotarse contra la norma traía algo bueno? Multas, contagio y, en tal caso, desatención porque, recordemos, los centros sanitarios tenían recursos limitados y aquello estaba atestado de enfermedad.

La indefensión aprendida, el silencio en las calles y un Twitter cada vez más ruidoso

Quizás, en la linea de la indefensión, podríamos justificar el hecho de que en los contenedores de vidrio ya no cabía ni un alfiler -estaban a rebosar de cascos de botellas de cerveza, vino y tequila-. Y, como forma de desahogo, había quien le gritaba al vecino incauto que salía de su casa en horas prohibidas. El toque de queda era una realidad palpable y algunos se tomaban la justicia por su mano. Cierto es que a más de uno se le fue un poco la pinza proyectando… Sin embargo, la norma fue un silencio en las calles que empezó a contrastar con las bulliciosas redes sociales (especialmente, Twitter).

Estanterías vacías: el papel higiénico voló.

Llegados a este punto, dado que este trance dio paso a un mundo gobernado por las tecnologías -esto es, clases en linea, conferencias de Zoom y directos en Youtube-, podríamos decir que se creó un metaverso virtual digno de analizar por el tipo de dinámicas que adoptó la sociedad a la hora de posicionarse ante la situación de opresión de un Gobierno que intentaba contener el virus a costa de limitar las libertades individuales, amparados por las recomendaciones de la OMS.

Movimientos sociales generados durante la pandemia

Obviamente, pasaron infinidad de cosas más, algunas buenas (como los aplausos a los sanitarios), otras menos malas (como el desamparo de la administración) y otras terribles (como la muerte de los ancianos en las residencias), pero es que fueron demasiadas cosas.

Sin embargo, algo curioso fue cómo se afrontó la situación por parte de la ciudadanía, ya que, en este sentido, se crearon determinados bandos, más allá de aquellos que respetaban las normas frente a los que no las respetaban. Pero, siendo un buen comienzo, se hace necesario entrar a valorar en profundidad por qué se produjo la emergencia de un grupo social que iba contra la norma y contra la Ciencia (y el sentido común). Spoiler: tiene que ver con las pseudociencias y el sesgo de confirmación.

Algunas cuestiones previas

Antes de entrar en materia, algunas definiciones importantes:

  • Locus control: Literalmente significa el lugar del control y hace referencia a dónde posiciona, el individuo, el control (dentro o fuera). Así, el locus control interno viene a especificar que el individuo sitúa en él el control de estas situaciones, frente al locus control externo, situación en la que el individuo siente fuera de sí dicho control. De manera que el locus control interno implica a sentir que sus logros y sus errores se deben a algo propio; mientras que quien tiene un locus control externo es probable que sienta que no puede hacer nada para cambiar la situación y que, pase lo que pase, todo será por una causa externa.
  • La responsabilidad supone situar en un locus control interno la decisión de la conducta y, por lo tanto, asumir las consecuencias. Ser responsable ante la norma por causa sanitaria podría comprenderse como una manera de respetar y cumplir la norma. Básicamente, porque la libertad individual termina donde empieza la colectiva.

Sin más dilación, sigamos:

Según el criterio del respeto a la norma

Si bien es cierto que hubo quien decidió quitarle “hierro” al asunto con el humor negro como bandera, como hizo sin dudar y desde el primer momento, @CoronaVid19 (Coronavirus Gripalizado) en Twitter (y sigue haciéndolo):

Podríamos describir las decisiones y la opinión pública en base a si se posicionaron a favor o en contra de respetar las medidas de seguridad. Entonces:

Por un lado, estaban quienes sí respetaban las normas y podían aceptar la situación y las medidas de confinamiento con mayor o menor resignación, mejor o peor sentido del humor. Aquí podríamos entrar a valorar cuánto de obsesión o preocupación podían sentir hacia la evolución de la pandemia o hasta qué grado se encontraban realmente involucrados o no en el problema. Incluso, podríamos hablar de personas incrédulas que, no creyéndose demasiado la importancia que pudiera estar cobrando el Coronavirus, seguía las normas con cierta distancia, pero dentro del sentido de la responsabilidad y bajo el yugo de la duda (“por si acaso es cierto, mejor obedezco a lo que dicen los que saben”).

Asimismo, por otro lado, estarían quienes no respetaban las normas, que se negaban a obedecer las medidas impuestas. Incluso, algunos de los incrédulos que, al principio, sí las respetaban pudieron pasar a este bando pasados unos meses. Pero, por lo general, podríamos hablar, por un lado de los “irresponsables” y de los “negacionistas”. Se trataría de dos sectores sociales que estarían no respetando las normas por diferentes motivos:

Por un lado, los “irresponsables” fueron señalados en los medios de comunicación de masas y que tomaban protagonismo en las narrativas de los noticieros. Me estoy refiriendo a los jóvenes, a quienes se les atribuía mayor capacidad de contagio y, lo peor de todo, el poder de contagiar a sus abuelos o a sus padres porque en el centro educativo había mucha transmisión y, cuando quedaban por las tardes con los amigos, eran los primeros en no ponerse mascarillas y no respetar distancias. Estos eran los “supercontagiadores”, pero también estaría aquella gente que “ni fu ni fa”, no siendo población adolescente o infantil, se la repampinflaba la situación. Es decir, el no cumplimiento de la norma impuesta estaba motivada (por decir algo) por una falta de implicación.

Por otro lado, los “negacionistas“, quienes, liderados o influenciados por los médicos por la verdad, empezaron a poblar las redes con incitaciones a no respetar la norma, con la justificación de que el virus no existía y que sólo era una excusa para controlar a la población y acabar con sus libertades. Resultaron en una conducta irresponsable, de igual forma, al reunirse en manifestaciones contra la mascarilla, no llevándola pese a la excesiva aglomeración de personas y el riesgo de la transmisión del virus y el contagio. De modo que éstos no sólo no cumplían con la norma sino que se revelaban contra ella e incitaban a otros a no cumplirla, manifiestamente. La implicación, en este caso, era máxima, pero como vía reactiva a la norma.

Según el criterio de la confianza en las decisiones políticas y sanitarias

No obstante, más allá del respeto a la norma o a las medidas de protección, podríamos hablar del posicionamiento en base al nivel de confianza tanto en la Ciencia como en los gobernantes. Ya que algunos aprovecharon la situación de

  • Quienes confiaban en las decisiones del Gobierno, ergo, en la Ciencia: Este sector de la población correspondería al sector de individuos que acataban las normas y las medidas de protección del COVID. No dudaban en ningún momento y, a pesar de los errores, seguían confiando en que las decisiones que se iban tomando, a medida que iban apareciendo nuevos datos sobre el virus, no buscaban nada más allá que cuidar de la ciudadanía. No había intereses oscuros y la Ciencia también hacía lo que podía, acelerando los procesos en la elaboración de las vacunas para detener la pandemia. Lo que sí funcionaba era, para este sector, ponerse la mascarilla, mantener las distancias y lavarse correctamente las manos con agua, jabón o, en su defecto, gel hidroalcohólico.
  • Por otro lado, estaban quienes no confiaban en las decisiones del Gobierno, ergo, tampoco confiaban en la Ciencia: Para este sector de la población, las decisiones entrañaban intereses económicos por parte de las las figuras de poder, quienes se servían de la restricción de libertades para poner en marcha el inicio de un plan que sí que iba más allá de lo que aparentemente se predicaba en los medios. Todo era un complot para enriquecer a la “Farmafia” a costa de la experimentación humana. Las vacunas, según estas personas, contienen grafeno o chips. Aparecen los Médicos por la VERDAD y un montón de “profesionales” por la VERDAD que difunden en las redes sociales sus convicciones, basándose en que el COVID es, simplemente, una gripe más y que los test no sirven: son otro instrumento de control más.

Según el criterio relacionado con la anticonformidad frente a la imposición de la norma

En el marco de la Psicología Social, existe un sesgo que podría estar muy relacionado con el fenómeno del surgimiento de los negacionistas: el sesgo de reactancia o efecto boomerang (o de la anticonformidad). Según Hovland, Janis y Kelly (1953), este fenómeno aparece bajo determinadas circunstancias, que bien podrían haberse presentado en esta transición de realidades que ha supuesto la pandemia en nuestro país y en todo el mundo:

  • Argumentos débiles se combinan con una fuente negativa.
  • Persuasión débil o poco clara que lleva al receptor a creer que el comunicador está tratando de convencerlo de una posición diferente a la propia.
  • La persuasión desencadena agresión o sufrimiento emocional que no es aliviado.
  • Ausencia de argumentaciones acerca de la necesidad de cumplimiento de la norma, lo cual retroalimenta su inconformidad.
  • Cuando se induce a la culpa o al castigo social en caso de que no cumplir con la norma.
  • Cuando la posición del comunicador está demasiado alejada de la posición del receptor y por lo tanto produce un efecto de “contraste” y por lo tanto realza sus actitudes originales.

Según el criterio de la falla en la persuasión

Tradicionalmente, la comunicación se veía como un acto unidireccional en el que un emisor producía un mensaje por un canal y este mensaje llegaba al receptor. En ocasiones había un intercambio y éste último devolvía un mensaje en respuesta. Pero es cierto que el acto comunicativo se centraba en la intencionalidad del emisor y, como mucho, se establecía una falla en el canal como si de una cuestión de fontanería se tratara, como posible causa de que el mensaje no llegara. El estudio de la comunicación se ha ido abriendo a otros conceptos como el de la persuasión, introduciendo el factor del feedback necesario para mejorar el mensaje, habiendo superado el escollo del canal.

Este concepto de la persuasión ha ganado puntos en el mundo del marketing (una psicología aplicada a la mercadotecnia), en donde se estudia la recepción de las campañas en el buyer-persona o potencial cliente. De igual forma, quizás por la influencia de las redes sociales, también ha cobrado más importancia la figura del “influencer” que, curiosamente, ha sido otro recurso de concienciación más sobre el COVID. De hecho, creadores de contenido con seguidores de diferente franja etaria o con distintos tipos de intereses recibieron, en privado, la petición de representantes del Gobierno para transmitir el mensaje de una manera persuasiva. Especialmente, a un sector poblacional considerado irresponsable con las medidas de seguridad, los jóvenes. Simón pidió ayuda a los influencers en una de sus ruedas de prensa o comunicados de epidemiología del virus:

Fernando Simón anima a los influencers a concienciar sobre el coronavirus

Influencers de divulgación como Javier Altozano y La Hiperactina fueron encomendados con esta sugerencia:

Pero también otros influencers de otros ámbitos como la farándula, el fútbol o la moda:

Influencers para concienciar que Ser joven no te protege del COVID-19

Entonces, ¿por qué surge el negacionismo?

Dejando al margen a aquellas personas que, en un principio, no se creían nada de la pandemia por aquél primer impacto, el surgimiento del negacionismo podría verse como un cambio en la opinión pública. No fue algo que surgiera de repente, sino que, poco a poco, se fue estructurando toda una arquitectura social paralela en la cual fueron fraguándose y reforzándose algunas narrativas, con las que muchas personas que -por las variables intrínsecas previamente mencionadas- encontraron en la sensación de falso control (tomar decisiones en tiempo de constricción de libertades), una escapatoria a la indefensión aprendida del confinamiento.

Si tenemos en cuenta la perspectiva de Noelle-Neuman acerca del silencio de la opinión pública minoritaria, podríamos considerar que, en un principio, la semilla negacionista estaba enterrada ante la opinión mayoritaria que establecían las Administraciones por diferentes vías, incluso, en Youtube. Se hizo un anuncio publicitario y todo para educar a la población en medidas de protección; y también se contactó con influencers en Youtube y creadores de contenido para llevar el mensaje a los más jóvenes (aquellos irresponsables a los que no les importaba contagiar a sus abuelos). Entonces, lejos de hablar de discursos minoritarios o mayoritarios, quizás habría que hablar de un cambio en la opinión pública.

Partiendo de estas premisas, podríamos contribuir a la explicación del fenómeno explosivo negacionista siguiendo estas dos hipótesis:

  • Como una vía para exteriorizar una opinión que parecía ser minoritaria o que pretendía verse como una opinión minoritaria. Porque lo “normal” era acatar las recomendaciones de Sanidad y de la OMS que eran transmitidas por el presidente del gobierno.
  • Como una vía para retomar el control ante una situación de opresión de libertades justificadas por motivos sanitarios.
  • Como una fuga emocional, ante las dificultades para la resiliencia y la resistencia.

Primera hipótesis necesidad de tomar el control de nuevo

La fricción en determinados sectores de la población ante la imposición de las normas restrictivas de la libertad individual (en pro de la conservación de la salud del grupo) supuso el desgaste emocional y económico de muchos. Desesperados, aquellos que empezaron con un locus control externo (los que obedecían “por si las moscas”), quisieron empoderarse. La capacidad de decisión es la única salida de la situación de indefensión aprendida y ahí estaban, también, los disidentes.

En este sentido, infinidad de factores personales y de interacción social estarían en relación con cuestiones como la capacidad de resiliencia, la aceptación de normas o cierta capacidad de sumisión, como ocurre cuando cumplir las normas supone ser incoherentes con nuestras propias necesidades (fue una situación excepcional en la que había una pandemia y había que sacrificar la propia libertad para evitar la transmisión)… no todos tenemos la misma capacidad o somos capaces para la solidaridad y para soportar, a largo plazo, tanta presión. Todos estos factores podríamos considerarlos como intrínsecos a la persona.

Hubo un spot en el que se exponían las narrativas de las personas cansadas, enfadadas y frustradas con las medidas de protección, aquellas que se sentían escépticas con las medidas y que podían tener bastantes probabilidades de “cambiar de bando” al negacionismo por esa fricción y el hartazgo. Se intentó concienciar a este grupo social también, para que entendieran gráficamente cuáles serían los efectos del incumplimiento de las “recomendaciones” (eufemismo de “normas” para este sector):

🎬 Campaña #Covid19 Madrid: Saltarte la cuarentena puede acabar con tu mejor amigo, #NoTeSaltesLaVida

Así como, ni que decir tiene que también afecta si el presidente del Gobierno, principal comunicador, ya era foco de críticas antes de la situación pandémica (respecto a la persuasión y su influencia para hacer cumplir la norma). O si hay motivaciones políticas y la oposición y sus votantes aprovechan la situación para hacer leña del árbol caído, aprovechando el difícil enclave para derribar al enemigo utilizando la opinión pública. estos serían los factores extrínsecos o contextuales. La comunicación no se limita a la transmisión de información o de las normas de un emisor a un receptor.

Éstos últimos, disidentes y no creyentes del COVID (como si fuera una cuestión de fe), se sumaron a la conspiranoia de la opresión, abanderando la VERDAD y politizando un problema sanitario de índole mundial, poniendo en duda las bases científicas alineadas con las “farmafias“. Dicho en otras palabras, el fenómeno del negacionismo aparece por el efecto de reactancia ante la norma impuesta en las condiciones arriba expuestas y se mantiene por el sesgo de confirmación, que hace que busquen sólo documentos en los que se justifica la idea que ellos defienden. Muy en relación con esta última idea, aparece la segunda hipótesis.

Segunda hipótesis La búsqueda de una solución inmediata y el aprovechamiento de las pseudoterapias

No hay que dejar de lado que las pseudoterapias vieron, en la crisis por COVID, una situación idónea para vender sus ideas y/o productos. Había negacionistas del COVID y sólo negacionistas de la Ciencia que se unieron en el mismo sector, siendo muy difícil de discriminarlos. En este sentido, personajes como Josep Pàmies, inventaron soluciones al COVID o formas naturales y alternativas de prevenirlo, al margen de lo que recomendaba la Ciencia.

Josep Pàmies con su invento del MMS o hipoclorito de sodio

Efectivamente, las pseudoterapias ya estaban ahí antes del COVID y vieron una gran oportunidad para ofrecer una alternativa al ciudadano desesperado o “quemado”. Así, mientras se buscaban vacunas y se invertía en investigación para elaborarla secuenciando el virus, estos pseudoterapeutas empezaron a nutrir aquellas semillas negacionistas que empezaban a brotar, en la búsqueda de una solución más inmediata a tanto sufrimiento.

Las narrativas sobre la “farmafia” de los negacionistas absolutos se entremezclan con las de los negacionistas relativos. Éstos pensaban que existía el virus pero que había formas alternativas de afrontarlo que no tenían que pasar por el confinamiento o por la aceptación de las normas restrictivas de la libertad. En la base de este pensamiento, común en la hipótesis anterior, se encuentra la idea de que el virus es algo que se está exagerando para el aprovechamiento de las farmacéuticas. De manera que, “si las farmacéuticas se enriquecen, ¿por qué no íbamos a enriquecernos los pseudoterapeutas?”.

Presentación APETP

Nace así, el MMS (Lejía), previamente prescrito para curar el autismo, que también serviría ahora para curar el COVID, cuando los efectos del consumo de este preparado (minicloruto de sodio, comúnmente conocido como “lejía”) puede resultar en una vía potencialmente dañina para la salud, con efectos secundarios como:

  • Insuficiencia respiratoria causada por una situación grave en la que la cantidad de oxígeno transportado por la sangre se reduce considerablemente (metahemoglobinemia).
  • Cambios en la actividad eléctrica cardiaca (prolongación del intervalo QT), que puede llevar a arritmias potencialmente mortales
  • Hipotensión grave potencialmente mortal causada por deshidratación.
  • Insuficiencia hepática grave.
  • Disminución de las células sanguíneas, debido a la destrucción de glóbulos rojos con mayor rapidez de lo que el organismo es capaz de producir (anemia hemolítica), que necesitó transfusión sanguínea.
  • Vómitos y diarrea graves.

Algo que puede consultarse en el informe de valoración del dióxido de cloro como tratamiento frente al coronavirus (Sars-Cov-2), emitido por el Coordinador del Observatorio de la Prescripción de la OMC.

Tercera hipótesis Un aprovechamiento político por parte de la oposición

Como decíamos, estaban aquellos que, pese a la incredulidad o su agnosticismo, decidieron cumplir y hacer cumplir la norma. Éstos se limitaron a aceptar la idea de que, ante un virus desconocido y tan mortífero, lo más sensato era cumplir con las recomendaciones sanitarias y las medidas de seguridad, aceptando el confinamiento e intentando sacar algo en limpio de todo aquello: un aprendizaje, más resiliencia, tolerancia a la frustración… esta clase de personas empezó a adaptarse a la situación. Pero hubo otros que, siendo igual de agnósticos, llegaron a su límite de tolerancia a la frustración.

Y es que fue, a partir de las medidas que nuestro Gobierno (PSOE) impuso por recomendación de la Comisión de profesionales sanitarios creada por motivo de la pandemia, cuando empezaron a emerger las corrientes negacionistas de la mano de los partidos políticos contrarios. En este sentido, el discurso del grupo de negacionistas parece adaptarse peligrosamente al ideario de los partidos de extrema derecha, de manera que, como veremos a continuación, resulta en una utilización estratégica por parte de la figura de autoridad que se encuentra en la cúspide.

Conclusiones sobre los posicionamientos de la opinión pública

Si analizáramos la opinión pública, correlacionando sus posicionamientos con el grado de confianza en los gobernantes o en la Ciencia (asumiendo que los gobernantes están donde está la Ciencia), podríamos representar el colorido amalgama de posicionamientos en una campana de Gauss. Éste es el diagrama habitual para explicar la distribución normal de la inteligencia de la población. Así, si aglutinamos a la población que tiene un nivel de inteligencia situado en la media poblacional, gran proporción de ésta estaría aglutinada en el centro de la campana, mientras que, de forma simétrica, podríamos situar a un extremo y al otro de esta parte aglutinada, los niveles inferiores y superiores a la media, respectivamente, tal que así:

Distribución normal de la población según su Cociente Intelectual. Fuente: https://neuropediatra.org (María José Mas).

Según los negacionistas, ellos son los despiertos, de modo que no habría necesidad de adaptar la Campana de Gauss al fenómeno social tras las bambalinas del COVID. Ellos estarían en el extremo derecho de la figura, representando casi a los iluminati: son pocos pero más poderosos porque son los más inteligentes. Al otro lado de la campana estarían los muy creyentes en la pandemia, fieles al gobierno y a la ciencia. A la derecha de estos, estarían los responsables, en el reflejo contrario de los responsables, estarían los escépticos que a punto están de dar el paso al lado “oscuro” de los negacionistas. Y en medio de toda la hecatombe social, estarían los indiferentes, que no se encuentran posicionados ni a favor de la Ciencia ni a favor de la No Ciencia, sino que, simplemente acatan las normas para evitar confictos y porque no se plantean reflexionar acerca de ellas.

La disonancia cognitiva debería darse en ellos para poder replantearse una reformulación del pensamiento. Sin embargo, a medida que van adentrándose en este remolino pseudocientífico, va siendo cada vez más difícil que salgan de ahí. Sobre todo, si hay una red social que los ampara y que, para seguir manteniendo el “chiringuito”, sus líderes seguirán buscando alguna causa perdida en la que poder obsesionarse con otro foco, sin poder salir de la caverna debido al sesgo de confirmación.

De modo que los negacionistas sirven ciegamente a otro poder, similar al que creen enfrentarse, normalmente liderado en una persona o en un colectivo que, para seguir en la lucha, sugiere a su séquito que le aporte donaciones. Se trata de una realidad paralela, en la que siguen ocupando el mismo rol pero defendiendo otra idea, en un círculo vicioso por el que jamás podrán empoderarse.

¿Qué hace que siga habiendo negacionistas? Lo que mantiene el problema

Las personas reacias a creer en la veracidad del virus o en la necesidad de unas pautas de protección para evitar su transmisión que han podido cambiar de opinión respecto al inicio de la pandemia, consideradas como “negacionistas”, han encontrado apoyo en otras personas con sentimientos parecidos. Esto les afianza en las mismas ideas, poniendo en práctica el sesgo de confirmación. También refuerzan una identidad social favorecida por la creencia de que forman parte de un grupo selecto más inteligente y despierto que el resto de la humanidad. Ellos son los “despiertos”.

Esto sucede pero, para entenderlo con mayor profundidad, hace falta distanciarse emocionalmente, pensar desde los principios de la metacognición. En otras palabras, no se trata de discutir el tema que está en relieve aparentemente -es decir, ¿existe el virus?- sino elevar el discurso al contexto en el que este debate tiene lugar. Estamos refiriéndonos a la teoría de la mente, un proceso de pensamiento al que tenemos acceso desde, aproximadamente, los cuatro años de edad. En otras palabras: se trata de pensar sobre el pensar.

Como si de una coctelera se tratara, podríamos intentar hacernos con algunos conceptos nuevos o herramientas para poder ver con otros ojos el fenómeno. Por ejemplo:

  • Para entender los movimientos sociales en sí, algunos conceptos Foucaultianos como el de la legitimidad, la autoridad y el poder en los discursos pueden servirnos para entender algunos fenómenos. También algunas teorías de categorización e identificación social, como la de Tajfel y Turner, o la de Goffman de la identidad social serían relevantes.
  • Para entender que el método científico no tiene nada que ver con el interés de las farmacéuticas porque puede ser utilizado por cualquier persona, independientemente de si es facultativo, estudiante o pseudoterapeuta. Es más, invitaría a los pseudoterapeutas a investigar con el método científico para demostrar la efectividad de sus propuestas terapéuticas. Porque el método científico en nada tiene que ver con las farmafias, es un procedimiento que se utiliza para probar la eficacia de un tratamiento según unas pautas rigurosas y objetivas, que van más allá de las creencias o de los actos de fe a los que aluden aquellos que defienden sin pruebas científicas la eficacia de un tratamiento no probado nunca antes.

Existen infinidad de prejuicios alrededor de la psicología y el DSM pero, me gusta saber que existen personas como Allen Frances, que escribió las primeras versiones del manual de diagnóstico estadístico de trastornos mentales y que decidió abandonar porque se dio cuenta de que los umbrales de diagnóstico eran cada vez más bajos y que cada vez se patologizaba más. También existen miradas más humanistas dentro de la Psicología que defienden una concepción desligada del etiquetaje (que en nuestra disciplina se hace llamar “Teoría del etiquetado” (o labelling aproach) que destaca el hecho de la profecía autocumplida o el efecto pigmalión negativo cuando se diagnostica a una persona, asimilando sus problemas como sintomatologías de un Trastorno, alimentando a las farmacéuticas.

La Ciencia es independiente de los intereses económicos, el modelo científico es accesible a todos. ¿Por qué no usarlo para defender las ideas? Hasta que esto no se haga, cualquier negacionista que utilice un artículo aislado en vez de la evidencia empírica replicada, seguirá no teniendo razón a la luz de un mundo que se mueve por criterios objetivos y no por actos de fe. Se trata de reclamar un espacio de VERDAD usando criterios de VERDAD, no bulos, fakenews o distorsiones. Aceptar estas pseudoverdades es dejarse manipular por los líderes que están detrás de esas comunicaciones persuasivas en las que están involucrados. Paradojas de la vida o no, al final, dejarse llevar por las normas reactivas de los líderes negacionistas haciendo creer que tienen el control de la situación no deja de ser otra herramienta de manipulación, justamente lo que denuncian de los líderes políticos.

De hecho, visto con perspectiva, podemos observar los mismos elementos en la misma arquitectura social pero en dos dimensiones distintas, como si fueran metaversos. Y también hay sectores que se están lucrando económicamente gracias al movimiento negacionista: La “farmafia”, investigando vacunas y vendiendo “bozales”, por un lado. Por el otro, Los propios comunicadores, líderes de masas negacionistas, que están detrás de los programas y de iniciativas como las promovidas por la Quinta Columna, Rebelión en la Granja se nutren de las donaciones. Al fin y al cabo, no son metaversos tan distintos…

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Referencias

Hovland, C. I., Janis, I. L., & Kelley, H. H. (1953). Communication and persuasion; psychological studies of opinion change. Yale University Press.

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