La emergencia del sujeto escindido de Lacan

Desde Jacques Lacan, el sujeto es entendido como un $ (sujeto clivado ) en cuanto es separado del deseo de la madre por la función paterna y así todo genuino sujeto llega a ser inscripto, mediante el clivaje, en el discurso del lenguaje sano.

La teoría de la subjetividad Lacaniana

El sujeto escindido encuentra su origen en París, en los años 60. Es dónde y cuándo surge la teoría de la subjetividad con la que el autor parece partir en dos al Sujeto (con mayúscula), eso de verdad que somos en “lo real“. El psicoanálisis no es solo mérito de Freud. Lacan, por su lado, cuando hace una reformulación de la teoría freudiana se basa tanto en la topología del aparato psíquico tradicional de Freud (ello, yo, superyó) y de sus dos principios básicos en los que funda la teoría psicoanalítica: el principio de placer y el de realidad. Pero lo hace dándole la vuelta completamente, hasta rozar lo prohibido y lo paradójico:

LACAN FUE EXPULSADO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE PSICOANÁLISIS EN 1963 Y EN 1964 FUNDA LA ESCUELA FREUDIANA DE PARÍS PARA RELEER Y OFRECER UNA INTERPRETACIÓN REVOLUCIONARIA DE LOS ESCRITOS DE FREUD. FUE UN INCOMPRENDIDO. ¿VERDAD?

Volvamos al tema., que nos liamos…

El decir y lo dicho el muro del lenguaje de Lacan.

El sujeto escindido por el muro del lenguaje se explica en el esquema Lambda. Ese lenguaje con el que pone nombre a las cosas pero que, en ese mismo momento de nombrar, se aleja de la verdad de lo Real que reside en el inconsciente, vela la verdad no permitiendo que ésta emerja a la parte consciente del sujeto. Gracias a las influencias del estructuralismo (como el de la lingüística de Saussure, con sus aportaciones acerca del signo, aunque también adapta el concepto Saussuriano), Lacan dará cuenta de las diferencias entre “el decir” y “lo dicho”.

Distinguirá, entonces, entre el sujeto que enuncia y el sujeto de la cadena significante.

Es entonces, cuando el síntoma adquirirá un carácter simbólico y significante, y estará informando de la verdad reprimida a la que el goce intenta dar salida. Lo hará por medio de los deslizamientos y las fugas. Esto que está velado oreprimido surgirá, pues, en forma de chiste, acto fallido o silencio. Y, cómo no, en el enunciado del Sujeto, sin que éste pueda ser consciente de la cosa o la causa del fallo. Será, por transferencia, en el encuadre analítico (setting), cuando pueda ser descifrado y comprendido, en su debido tiempo lógico.

Por otro lado, podríamos hablar también del sujeto escindido entre los diferentes registros, a medida que van dándose lugar en el contexto de la formación del yo. Tal es el caso de la división del yo entre el Je y el Moi. Es bien sabido que el niño nace con una fantasía de cuerpo fragmentado, hasta que realiza la identificación primordial, mediada por el reflejo de su imagen en el espejo de la etapa especular, del estadio imaginario, en lo que a la formación de su identidad se refiere.

Del espejo roto a la imago especular estructuradora de la identificación primordial (y después, de la identificación simbólica).

Es ante este espejo que pasa de la confusión entre su cuerpo y esa imagen (ese otro), con el que aún no se ha identificado (en una primera fase); al proceso identificatorio dado que empieza a identificarse con la imago del semejante, porque esa imagen no es un objeto real como pensaba en la primera fase, es sólo una imagen pero es una imagen de su cuerpo (fase segunda de la identificación primordial); a, finalmente, poder tener lugar la identificación narcisista, logrando la unificación de aquél cuerpo disperso del que partía el sujeto. Esa imago especular estructuradora, o lo que es lo mismo, la identificación formadora del yo (MOI) [será necesario hablar de las etapas del Complejo de Edipo para poder explicar la identificación secundaria, la que implica la figura del falo, que, junto a la primordial, terminarán del todo por completar la identificación imaginaria del sujeto].

Después vendrá la identificación simbólica, cuando el sujeto entre en contacto con el mundo cultural y haya pasado por la dolorosa fase de transición entre ser el falo para su madre y tenerlo. Y, finalmente, pasará por identificar la angustia, la angustia velada por el lenguaje. Para, paradójicamente, volver a toparse con el dolor de lo Real, que está desfragmentado y disperso, porque lo real, tal y como Lacan defendía con la adaptación de la fórmula cartesiana, “soy donde no pienso”, porque lo real -decía- está desprovisto de lenguaje y es lo que escondemos tras la máscara del síntoma, precisamente donde somos deseo.

El sujeto escindido pero relacionado topográficamente El Je y el Moi

El Je y el Moi pertenecen a mundos diferentes pero, dada la simultaneidad de los diferentes registros lacanianos en el sujeto (real, imaginario, simbólico), Je y Moi conviven en el sujeto, desde el momento en que se encuentran al culminar la identificación primordial. Y lo acompañarán, para que el sujeto libre sus batallas ante nuevas amenazas a su desintegración del Yo (Je). Como lo hará en la adolescencia, ante tanto cambio físico y la búsqueda de su unificación; o ante la manifestación de la falta en la mirada devuelta en el espejo a la persona anciana que ve llegar la castración más impactante de todas (la muerte).

Bibliografía recomendada para entender el sujeto escindido APA 7

José Manuel García Arroyo y María Luisa Domínguez López (2011). Aproximación al “esquema L” de Lacan y sus implicaciones en la clínica (parte I). What the “schema L” consists of? (Part I). Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2011; 31 (109), 31-41.

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Respuesta de Prueba de Síntesis de Psicoanálisis.

Grado de Psicología en la UOC.

Blanca De Uña Martín

Bibliografía recomendada

  • Lacan, Jacques (1975). El Seminario. Buenos Aires, Siglo XXI. ISBN 968-23-1270-1
  • Lacan, Jacques (1984). Escritos. Buenos Aires, Paidós. ISBN 950-12-3973-X
  • Freud, Sigmund (1989). Introducción al narcisismo, y otros ensayos. Alianza Editorial, S. A. ISBN 84-206-1444-0
  • Freud, Sigmund (1999). La interpretación de los sueños. Buenos Aires, Amorrortu. ISBN 84-206-3843-9
  • Juranville, Allain (1992). Lacan y la filosofía. Buenos Aires, Nueva Visión. ISBN 950-602-257-7
  • Laplanche, J. y Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona, Paidós. ISBN 84-493-0255-
  • Didier-Weill, Allain (1988). El objeto del arte. Incidencias freudianas. Buenos Aires, Nueva Visión. ISBN 950-602-158-
  • Freud, S. (1976). Pulsiones y destinos de pulsión. Buenos Aires, Amorrortu.
  • Peskin, L. «La angustia… rostro imaginario de lo real». Revista de Psicoanálisis 45 (4).
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